domingo, 31 de enero de 2016

Más allá

II.
Pasé la noche en esa casa ante el acecho de la noche que había me alcanzado, no terminando de abrir los ojos escuché del exterior un ligero maullido y un estrepitoso sonido, el caballete en el suelo había quedado. Tomé la carta en mano y presuroso por continuar para matar esa terrible sed de curiosidad, continué al escrito devorando...

"Más allá...

Me sometí al odio y al miedo me entregué,
Para la ira y la discordia fui todo su templo
Y les alimenté dándoles todo: sueño por sueño,
Y lo sabía más que nadie, esa noche erré...

Ahora he marchado, pero aquí no has de venir,
Búscame entonces y sabes que yo regresaré,
No me trates de encontrar, y aún así os esperaré
Aún sabes luchar, tienes tanto por lo que vivir.

Más allá de la muerte que en mí he sembrado
Encontraréis un poco de amor que he guardado,
Créalo o no, es para vos, para mi gran y final amor;
Un amor que poco a poco me ha desquiciado.

Aquí te dejo el porqué de todas mis deudas,
a mi pobre alma hecha pedazos,
Plasmada en el lienzo, en el espacio,
Quizás esté maltratada, pero te recordará
Que ni el tiempo ni el infierno
Son capaces de apartarme de tu lado...

Tu vívida esencia reposa en cada parte del cuadro,
Siempre estuviste aquí, tampoco te has ido de mí...
Yo te cubrí con mi manta escarlata, mi todo para tí,
No supliques, no rechaces a todo lo que os he regalado.

Más allá de la muerte siempre te seguiré buscando,
Tu retrato, tu agonizante memoria,
Cada pincelada de mi sangre,
Cada segundo en la pintura que ha quedado atrapado... "

Me sentí lleno de temor al leer la última línea, quizás él, solo estaba delirando, pero la travesía no había terminado, como en un sueño me sentía... Y me acerqué al extraño cuadro.
Entre trazos sanguinolentos, vivientes y macabros reposaba el rostro de una mujer gozante de una belleza extrema. Sus rizos aún teñidos del rojo vital habían secado a las gotas que alguna vez escurrieron. Sus ojos miraban con súbito enamoramiento a todo aquél que le apreciara y el pecho así como su blanco vestido quedaban inconclusos... Letras cursivas y rojizas continuaron lo que en aquellas cartas no pudo ser explicado.
Sí, morí en desaliento y callé con un amargo sabor: narrábase su triste futuro y la razón de su ausencia a un mundo que aún no comprende al temido amor.

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