domingo, 28 de febrero de 2016

Montdrick

"Las personas creen que por su grandeza tendrán el amor y el control de todo,  me dan lástima,  me da tanta tristeza saber que existen muchas  como ellas y tantas veces logran su cometido... Sin pensarlo invocaría a la muerte y a sus legiones para que las borrase de este mundo,  el miedo de toparme con una de ellas siempre me agobia y no puedo evitar tener estos pensamientos. Me lastima pensar en que el daño siempre terminará dirigido hacia aquellos que amo. 
¡Sus malditos sentimientos lascivos les dominan y su sed de poder no conoce límites! Me aferro a querer borrarlas por siempre de la memoria de la historia,  por siempre,  ¡por siempre! 

Transitando por la avenida, me topé con una escoria similar, su nombre era Minh Luthi 'Montdrick", él era mujeriego desde que llegó a estos rumbos, no para ni un día de alardear en las cantinas de que provenía de las grandes familias de Lityr, una tierra donde las leyendas sobre la muerte abundan y se esparcen más rápido que la arena en el viento... Decíase ser descendiente de uno de sus reyes, un despreciado tirano al que se le atribuyó la mayor leyenda de ese lugar, su historia la repite tantas veces que la recuerdo al pie de la letra,  de principio a fin... 

Padre y esposo de una familia traicionada, señor de miles de matanzas para saciar su sed de ambición y poder hasta... Que queda "enamorado" de una bella mujer del poblado. Un rey que consigue lo que desea y no conoce límite alguno para realizar sus propósitos.
Dueño de tus días y tus tierras,  un pueblo pobre y en decadencia que paga tributos a la mafia del rey yace aquí, ¿quién es ese hombre maldito? 
Conocido por enemigos y aldeanos como el barón Montdrick."


Montdrick.

A las orillas de una colina y cerca de un bosque, recóndito lugar, hallábase un magnífico reino posado en un acantilado a miles de millas del mar; un ambiente asesino surcaba los vientos de sus plazas y pocos conocían la suerte de vivir... Que los dioses me perdonen al pronunciar su nombre, pues la ciudad del mal, gobernada era por el Barón Montdrick.

Conocido usurpador y embustero, abnegado hombre del seco perdón que regalaba muertes sin compasión ante cualquier enemigo y peligro venidero. Una barba tupida cruzaba sobre su enorme boca, una larga túnica le cubría la espalda; un pueblo que muere y no le importa, por que el Barón ahora cabalga.

Conocido como un violento marido de una mujer que se sabe desahuciada, un hijo primerizo que no conoce amor paterno ni un ejemplo a seguir para su futura vida larga... Una familia en decadencia era su nombre y su apellido coronado en matanzas: verdaderamente era el rey de una tierra muerta, aunque sus deseos siempre le llamaban.

Invencible, innombrable, testarudo e imparable, dueño de tus días y tus tierras, negado nunca nada le era ¡que el rey maldito se apiade de ti! Conseguía cualquier cosa que deseara, pues no existían límites para el Barón Montdrick.

En la cumbre de sus secretos guardaba una vida joven llena de mediocridad, un deseo que en obsesión acaba y termina en convertirse en la mayor atrocidad. Asesino de su joven madre y acusador de su padre, quien aprisionado aún carga con la culpa, la corona así había obtenido para obtener la riqueza absoluta y el poder de control en todo el valle.

Vidas tomadas en sus secas manos de quienes no habían logrado saciar a todas y cada una de sus peticiones, malditos aquellos condenados a una agónica muerte, ¡miserables traidores! No borrarán de su memoria que el es absoluto y en su mafia medieval cualquier rumor que rondara, ya considerado su portador era una amenaza cual criminal.

Un reino obtenido por traiciones en busca de las más vagas pasiones, harto su pueblo que buscaba piedad, ni la vida les alcanzaría para saldar una cuenta que llevaban desde el nacimiento. Ideas pasajeras, locas y remotas en ocasiones; ellos ya más no querían sufrir; gritaban en silencio "¡Muerte al Barón Montdrick!

Pero el Barón sigiloso, mortífero y levemente audaz deseaba en su reinado sucio y despiadado la más grata perfección, pues así su más leal sirviente locuaz se introducía en el poblado e informar que aún siguiera en pie su codiciada sumisión.

¡Maldita sea la hora en que la halló! No mucho tiempo después el rey se enamoraba (o eso creyó); en una dama sus ojos había clavado y no faltaba tiempo para que tomará fuerza su obsesión. Querida por su familia desprendía al aire su cabellera color miel, encantadora para los habitantes del reino, quienes deseaban que no la tocara, ¡que llegue pronto la muerte al rey!

En una caravana de negros corceles parecido a demonios del infierno, el barón halló la manera y a la morada de la joven arribó, el aire suspiraba un profundo miedo. La dama aterrada de su presencia declaró negada su entrada, el Barón contuvo todas sus fuerzas para la ira sacar y marchó en un lento compás : "no te has librado de mí y creéme que nunca lo harás"

Fue como su sirviente hablador comenzó su rigurosa tarea por órdenes del castigador: "Habreís todos los días del palacio marchar a seguir los pasos de esa dama a la que deseo cortejar, enviadle bellos regalos y siempre que desee escapar has de recordarle que estás bajo mis órdenes y sé que duramente le amenazarás"

¿Era verdad acaso, todo era cierto? El Barón había perdido hace mucho ya la capacidad de amar y consigo los aires del perdón... Él no quería con ella todas las noches soñar, solo sería una de entre tantas en el rincón, la mujer que sería un juguete pasional.

Entre tanto, su mascota al pueblo había llegado a espiar a la mujer como era costumbre del diario. No pasaba de largo con quien era acompañada o con quien había conversado; y ella lo notaba, pero a esas alturas no podía hacer algo... El Barón no la dejaba partir, era el inicio de la obsesión de Montdrick.

Pasaron lo días en finos intervalos y harto de esperarla en el palacio, la morada de la dulce joven decidió visitar, esta vez no venía a rogarle su presencia a su lado, el deseaba llevarla a su caverna desde un ahora hasta su final.

Armado y en uno de sus negros caballos, él solo, sin nadie más, arribó al poblado, todos le vieron con furia y cabizbajos ignoraban lo que habría de venir; pero el sumiso pueblo le vio entrante a la casa de la doncella quien fue sacada a la fuerza en los brazos del Barón Montdrick.

Algunos cuentan que amenazada de muerte fue, otros dicen que seducida la doncella cayó. Aunque la verdad cuenta otra historia, cierto es que él, con puñal en mano a su palacio y en el oscuro caballo le llevó.

Estupefactos los residentes se miraron, tristes cánticos las aves entonaron... ¡La historia no debía terminar de esta manera! Solo Storyx sabrá que es lo que en el palacio maldito sucediera...

Y en una noche espectral, un niño a lo lejos se escuchó gritar.

¿Qué sucedía entre la niebla?

Los pastizales se vieron a alborotar...

¡Era la joven que se acercaba huyendo del demonio y de su palacio del mal!

Con lástima a la joven recibieron y acogieron en su morada, pues le vieron gimiendo y llorando de la noche hasta el amanecer. No estaba muerta, pero tan cercano a ese estado se hallaba... Pobre dama con suerte por los suelos que entre desdenes y delirios se veía desvanecer.

Y una carta de su vestido blanco y rasgado a la luz salió, el rey maldito a la familia de la joven y a los plebeyos fue quien se dirigió. Con muerte a todos ellos iba a azotar, pues al parecer, nadie de su propia sangre ni del pueblo, poseía el mínimo derecho de a "su dama" gozar. La dama, convencida de que su promesa el hombre iba realizar, salió con vida y con suerte de los brazos de su mortífero admirador y escondiéndose halló un ventanal por el cual había logrado escapar.

Todos los pobladores se encontraban enfadados, ellos ya no debían de quedarse callados... Todo en sus cabezas estaba planeado y se alzarían contra la corte y el gran tirano...

¡Aquél hombre ya no debía de vivir! ¡Muerte al Barón Montdrick!

Y aquel hombre desgraciado al día siguiente despertó, encerró a su esposa e hijo en un frío cuarto y ahí sin pensar más en ellos, les abandonó. Tan pronto el sol vió salir, a sus máximos ejércitos mandó llamar con la orden de ejecutar opositores y buscar a su dama, la dama del Barón Montdrick.

Con dura frialdad los soldados obedecieron al rey, no habría nadie que se opusiera a su dictada ley, fue como del palacio salieron a buscar a la pobre dama que solo buscaba salvarse y escapar.

¡No! ¿¡Por qué razón el pueblo les esperaba a la entrada de la desgarrada ciudad?! El río que hacia la cascada del acantilado les respaldada y los guardias de frente les pensarían atacar. Condenando a cualquiera que tuviesen de frente fue la orden que cada uno recibió, pues al enterarse el rey de su osadía a asesinar a todos ordenó.

"¡Malditos bastardos, huérfanos del maldito infierno! ¿Cómo se atreven a insultarme con su traición? A mí... ¡A todo el reino! Degollar a los varones y cortar con cuchillo al rojo vivo sus brazos, sean pequeños o sean viejos... "Y los soldados su primera ley obedecieron; en la barrera formada por la multitud, a los hombres encontraron, con lucha y sin capacidad de perdón atacaron, las víctimas su cabeza, brazos y vida perdieron.

"Encontraréis a cualquier mujer en rebeldía, arrebatarles su inocencia y contarles por la mitad sin cobardía, si habréis de cumplir la misión os prometo que les resguardaré de corazón... " A órdenes del malvado Barón, los soldados abusaron de las hembras en el sanguinolento campo y sin gran temor, a su cuerpo y a su vida por la mitad cortaron.

"Por mi último mandato recompensaré con grandes regalos, pues el dolor infringido será a aquellos que lograron sobrevivir; buscad a todos los infantes y con fuerza, sin pensar, sus ojos con vuestros dedos habrán de hundir." Y la crueldad fue más grande que el corazón de los hombres armados, sin compasión buscaron a los pequeños para torturarlos... La muerte y el dolor que reinaron parecían no tener fin, invencible y cruel era ese hombre, el rey de ese inframundo: el Barón Montdrick.

Y a pesar de tan desolado valle corroído por la muerte y la maldad, aún quedaba un poco, tan solo un poco de humildad, pues la mujer tan codiciada en el interior de una estatua del rey descansaba al cuidado de unos pocos que habían conseguido escapar. En los límites de esa ciudad, la estatua dicen que podréis hallar cuando el miedo esté en su máximo punto, cuando supliques una muestra de humanidad.

"Señor y amo nuestro, ningún rastro de su mujer hemos hallado... Perdón y compasión de nosotros le rogamos..."

"¡Ustedes no merecen ni un momento más en esta vida terrenal, ha sido la última vez en que tú y tus perros me han fallado! No encontraron a mi dama y como traidores seréis juzgados, les deseo una eternidad llena de tormentos en donde el fuego vive por siempre, ¡han de morir y por siempre ser atormentados! "

Y aquellos hombres que regresaban armados, como la chica, la vida se escurrió de sus sangrientas manos... Aguardaban una muerte llena de tormento, buscad a sus almas pérdidas en la tormenta muy, muy abajo del infierno.

La leyenda del pueblo comienza donde todo alguna vez terminó: el río que desemboca en la cascada tan rojo estaba que todo lo que vivía en él murió. Los cuerpos del poblado con el aire se balanceaban sobre las destrozadas entradas de los hogares de la ciudad, los gusanos morían del hedor de la sangre que corría en los suelos con gran velocidad.

Las tierras fértiles se volvieron y de sus entrañas frutos escarlata surgieron. La matanza inspiró a muchos a vengar todo con lo que había acabado el rey y su corte llena de maldad. La muerte era la nueva reina del enigmático reinado consumido por las fauces del soberbio tirano.

Mientras una cena digna del diablo consumida con fervor por el rey era en el interior del grisáceo palacio: las entrañas de los que fueron en esa tarde ejecutados servidas eran en los grandes platos, admirada la temible escena era por sus cortesanos y por todo el gran comedor se escuchaba el crujir de los huesos calcinados.

Solo aquel hombre era capaz de permanecer sentado para el deleite de sus sentidos, el canibalismo no le importaba pues su ley era acatada allí, cabizbajos sus acompañantes de pié le observaban deseando dejar de estar vivos, los cortesanos del Barón Montdrick.

"Masticaba carne traidora a este reino, pero su sabor era el mismo como la carne de mi esposa e hijo; creo, queridos amigos, que la muerte nos toma como iguales a este imperio. ¡Me he convertido en amo y señor de la negra dama, pero tanto poder es en vano si no lograré heredarlo! Si ustedes no logran hallarla, yo mismo habré de buscarla".

¡Daba lo mismo si entre ella y esa bestia había o no amor! Sus deseos le dominaban y en matanza había terminado su obsesión... Una mujer corría el peligro de acabar corrompida por el rey y su decadencia, al final terminaría en una lúgubre prisión...

¿¡Qué tan dañina una persona habría de ser para convencer que lo es todo el poder!? Yo solo deseaba eliminar su presente y pasado, eliminar estos recuerdos que por noches me han atormentado; sí... Yo deseaba acabar con él, que dejara de vivir, ¡He sido y seré aquel loco que asesinaría de cualquier manera al Barón Montdrick!

La dama era todo lo que me quedaba, y aquél maldito tirano también la codiciaba... No habréis de entender mi odio ahora, pero yo (y quizás ustedes también) daría cualquier cosa para verle lentamente perecer. Había matado a mi pueblo y acabado con los suyos sin remordimiento, solo vivimos para pensar en su final perfecto.

"¡Vivimos para servirte, tu inspiración juramos ser, compartiremos el mismo destino en un futuro que no somos capaces de entender; sírvenos como nosotros lo hemos hecho hacia vos por milenios, grandes obsequios te ofreceremos mientras llegue el fin de este pútrido imperio!

Esa misma noche repentina y gélida sobre la sangre aterrizó, cuentan aún los ancianos que la luna blanca repentinamente ennegreció... Deseaban su muerte y la muerte les respondió, le llamaron tres veces por tres noches hasta que frente a ellos apareció...

Han vivido y muerto por salvar una vida, eso fue lo que a la negra figura conmovió, pero el sacrificio que se habría de pagar era más de lo que tenían que dar. Fue como en la penumbra, la comunidad reunida al lado de la mujer ofreció sus vidas y una generación cada tres sucesiones para la muerte y su dulce poder.

Sentenciado el hombre y su magnífica perversidad, negada le fue la compasión como él alguna vez la rechazó... Aún sigue escondida su verdad en aquel mítico personaje que yo solo deseaba en esta historia matar. Esa noche aún más oscura se tornó y todo el reino bañado en sangre entre sombras por mucho tiempo reposó.

En cualquier parte del palacio, en casi cualquier rincón, el dedo de la muerte atravesó trazando una línea (o una espiral) hacia el vanidoso rey que aprisionado se sintió. Habría de pasar tres noches atormentado antes del final, antes de su ocaso.

Como primer cielo estrellado, sus más fieles seguidores y cortesanos, indiferencia le obsequiaron, parecían haber revelado algo... Pero el rey solo huía a su habitación donde lo siguiente, estoy seguro que jamás olvidó.

Un amargo sonido de flauta vociferó por cada sección y a todos los vitrales removió, el rey despertaba de un sueño en el que su muerte se acercaba para escuchar aquella triste canción. Su impresión era tan elevada y tan clara al ver las llamaradas de velas por fuera de su gran portón. Al abrirle, esparcidas por todo el suelo las percibió; caminaba entre la cera quemada con una localidad y pérdida mirada llena de espanto y gran horror...

Regresó a un paso de casi correr y durmió, durmió hasta el siguiente amanecer.

Despertó y vio a sus perros con linajes desgastados, con una mirada más profunda y áspera que el día anterior, permaneció sentado en el imponente comedor hasta que la noche sobre el reino y el palacio cayó. Era una segunda vuelta al miedo, cuando las estrellas se ocultaron y de sombras se cubrieron sus sueños.

Antes de tocar el colchón un delicioso aroma a sus sentidos hipnotizó, parecía hierba fresca o flores de primavera. Pasó esta vez ignorando a las velas y candelabros que por doquier intentaban obstaculizar su paso... Avanzaba sin parar y mucho menos en pensar que a las catacumbas, el engaño revestido en aroma a rosa le llevaban.

Acompañadle a bajar las escaleras, no temas de esta oscuridad, espera tu turno en las criptas, huecos rígidos que esperan por la eternidad... Mira al Barón como cierra sus ojos por el aroma, cuida de no perder el paso en el descenso, ha cesado su camino quedando acomplejado...

¿Ves los nombres? ¿Sientes el aroma que le enamoró? Sé que sí puedes percibirlo, ¿pero que fue aquello que le paró? Los cadáveres de monarquías antiguas se encuentran fuera de sus criptas aún envueltas en sus mortajas con una expresión tortuosa sostienen en sus secas manos una simple rosa.

¡No! No retrocedas aún, si quieres puedes ayudar a ese pobre diablo, libérate de todo miedo que ellos no son capaces de haceros daño. Toma asiento en las escaleras a tu lado y presta suma atención como por el resto de la noche, los cuerpos, antes inanimados, lo dejarán loco mientras no cesan de observarlo.

Por última vez ha sobrevivido aquel tirano maldito...

¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! Espera a ver su fin, ¡la muerte del Barón Montdrick!

Llega el nuevo día tras un largo anochecer, hoy es la fecha tan ansiada y para el monarca tan temida, pues sentía tan cerca su hora de perecer. Como pueden ver, en las catacumbas ha quedado dormido, con un miedo tan intenso como el de un niño se levanta y comienza a correr...

¡Sube, sube con él! Persíguelo y no le dejes esconder. Quizás el rey no te pueda ver ni herir, pero te aseguro que con el cuerpo temblando os ha logrado percibir. Házle sufrir, síguelo aunque volteé, empújale y mátalo en tu mente como él asesinó a muchos alguna vez...

Ahora corres por los largos pasillos, ahora los cortesanos embravecidos corren a tu lado, ¡persiguen también a ese bastardo! ¡Pobre desahuciado que habría de morir por nuestro tratado!

¡Espera! ¡Con él a su lujosa habitación has entrado! ¿Por qué razón, con sumo temor, la grande puerta habría de cerrar? ¿Acaso algo tenía que ocultar o simplemente su vida deseaba salvar? Sus sirvientes por fin se han revelado, mira como aquél estúpido se toma con ansias del cabello esperando sin respuesta un milagro...

¡Ahora grítale! ¡Grítale todo lo que esa noche habría de pasar! Quizás pierda lentamente la cabeza como es la tradición, o tal vez sea torturado varios días antes del fin sin posibilidad de compasión... Mira como se retuerce por su imaginación, no puede evitar pensar en todo aquello que la muerte le preparó.

Él día avanza a paso lento, casi eterno; la desolación del pueblo percibes desde la ventana, como si todos parados ahí fuera observaran y predijeran aquello tan esperado que ha de suceder. Sus cortesanos y familia no dejan de empujar la puerta y Montdrick no cesa de temblar, da un paso y da una vuelta tratando de pensar si Logrará escapar.

Es en vano.

La muerte le espera...

¿La sientes tú también? Es uno de ellos que están fuera, ella está lejos del mal o del bien, es quien les da la fuerza para romper cualquier barrera y penetrar en su lecho para lograr acabar con él... Instantes sobran y sirven de tortura, en la noche habrá tanto que ver...

Y ha llegado un momento tan seco en el que el sol se ha escondido por el miedo; la sangre de los ríos se congela en el tiempo y el cielo rojo se torna en realidad. El pecho se oprime, se quebranta en el ambiente y el rey escucha en el eco "se acerca mi final". No lo ve, pero lo siente, todo perdido está...

Sus súbditos dejan de golpear y gritar, es como si el mundo hubiese callado para continuar, un suspenso que solo los últimos momentos saben anunciar.

Pero no es para siempre.

Nueva y repentinamente el desastre comienza a resonar, un chirrido en su cabeza comienza y los cortesanos golpean bruscamente la puerta al compás de sus lentos latidos.

Su corazón bombea por segunda vez al tiempo de un segundo golpe con el objeto de entrar.

Sus ojos en llanto miran a la puerta, dilatados desean un rápido final.

Y el corazón late por tercera vez, al mismo tiempo que un golpe logra a la puerta abrir; todos entran corriendo cerca tuyo hacia ese hombre maldito. Todo el palacio rompe en llantos y gemidos, pues ha llegado el tortuoso final del Barón Montdrick...

Que los infiernos le rechacen y los cielos nunca le perdonen, rezad por que su condena sea eterna y ésta escrita sea... Su castigo será repetir en su memoria todo asesinato y su muerte, una y otra vez sin final.
Muerto entre hierro al rojo vivo y puñaladas por doquier.

Al final de la vida no importó sus bienes o el gran poder, sucumbió ante el tiempo y sus actos encargados en una venganza que debió de prever...

¿Quién soy?

Solo sal de aquella masacre, baja y baja por el castillo sin temor a que ellos te alcancen. Solo deseaban su muerte como el pueblo añoraba desde hace años atrás... Cruza el puente que se forma a la entrada del palacio, vuelve al pueblo adolorido...

Ignora toda escena retorcida y sigue hasta los límites de la ciudad; voltea a ver por última vez al palacio, iluminadas sus habitaciones están: tumultos de siluetas inundan a la torre principal, entre ellos mismos se están matando.

Has llegado entre desiertos senderos a la estatua del tirano, entra y contaré todo aquello necesario. Hemos cumplido con el trato, ¿Has visto que nadie ha quedado vivo? Como ves solo quedamos en pie la dama recostada y yo.

Ella se ha convertido en mi valía, en la muestra de poder de la muerte, yo solo soy su esclavo...
He difundido en el poblado esta historia recordando que aquél contrato sigue en pié. Cada tres generaciones habremos de pagar con la vida de los primeros hijos en ese año concebidos, así como la vida del que en esos momentos es el rey.

Dicen muchos que la dama jamás ha muerto, y tan cierto esto es...

Ella y yo sobrevivimos a ese imperio, la voluntad de la muerte y su benevolencia siempre habremos de esparcir, somos sus servidores y vida nos ha dado; contamos lo que fue de la tragedia de este pueblo y el esperado final de aquél hombre, ciertamente, la tradición nunca tendrá fin, pero ¡alegraos!

Ella inmortal y yo su respaldo.

¡Por siempre llora el tirano!

¡Alegráis y comenzar a vivir!

¡El rey ha muerto, por siempre muerto el Barón Montdrick!

Fin.
Aetherignis Emennest Dreati.

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